Hace dos años aprendí que la vida a veces nos trata mal. Aprendí que hay que disfrutar el momento, que vale pena arriesgar y que no debemos preocuparnos por tonterías ni perder el tiempo.
Aprendí que la felicidad es otra cosa muy diferente a lo que pensaba; que los pequeños detalles son los más importantes. Puede parecer un tópico, pero es así. Aprendí a valorar ciertas cosas y a desestimar otras que antes creía indispensables.
Despues del golpe más duro de mi vida, tras el que creí no volver a sonreír, hoy puedo decir que soy más feliz que antes.
Y este verano la vida me vuelve a dar otra lección y esta vez contigo de maestra. Es algo distinta, pero también va a dejar huella. Espero aprender el modo de reflejar siempre esa sonrisa eterna como lo hacías tu.

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